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El imperio (Imperium)

Ryszard Kapuscinski

Editorial Anagrama, S.A., 1994

Traducción de Agata Orzesek, 357p.

Sinopsis: Entre 1989 y 1991, Kapuscinski realizó un viaje por los quince Repúblicas de la Unión Soviética. Durante estos años de declive para “el Imperio”, el periodista polaco cuenta, desde las entrañas del gigante, la historia de las experiencias que le contaron los distintos ciudadanos de dichas repúblicas. El resultado es este relato humano de acontecimientos y cambios históricos.

El punto de inflexión dentro de la historia soviética lo marca la Perestroika. Supuso un proceso de cambio económico y político-social y la desintegración de la antigua URSS. Así comienza el viaje de Kapuscinski por la historia del Imperio. En Moscú las censuras de otrora han acabado y la gente puede “discutir” libremente los temas que quiera.

Pero el viaje de Kapuscinski nace para dar una visión retrospectiva del inicio del fin de la Unión Soviética. Es un relato literario en clave de reportaje de investigación con testimonios para darle humanidad al texto. El legendario periodista polaco muestra la realidad político-social soviética con gran maestría porque tiene a bien enriquecer la lectura con sus comentarios. Conflictos nacionalistas entre las Repúblicas posteriormente excindidas y la capital, Moscú; el recuerdo de las víctimas de los campos de concentración en la gélida Siberia o la caída del poder absoluto de los zares son algunos de los temas tratados en El Imperio.

Una lección de historia, información y periodismo acerca del desmoronamiento de la URSS que enriquece la visión que se tenía del gigante soviético.

Son las 18.10 horas. Hace apenas un cuarto de  hora oigo un golpe muy fuerte. En la esquina, justo debajo de mi ventana, se ha producido un accidente de tráfico. Ha colisionado un coche con una moto. El motorista está tirado en el suelo sin moverse mientras unos vecinos le atienden. Hace un rato intentó levantarse, aturdido; ahora mismo sólo permanece tumbado.

No he podido ver el accidente pero por la dirección de los vehículos, el coche se ha saltado el ceda el paso. El conductor del coche ha salido exaltado, increpando al pobre motorista malherido. Menos mal que los ciudadanos le han reprendido.

La policía ha llegado ahora y están tomando los datos del tipo del coche. No pone cara de buenos amigos. Lógico, es su culpa. La ambulancia también ha llegado. Los enfermeros acaban de inmovilizar al motorista – un crío, no aparenta llegar a la veintena – y lo trasladan en camilla. Parece estar bien, en parte gracias al casco.

Y mientras el estúpido conductor sigue con sus aires de “soy el rey de la carretera y ese chaval no tiene ni idea de conducción”. Claro, como las motos siempre tienen las de perder… Señor, usted se ha saltado un ceda el paso (es de lo que le ha acusado la policía finalmente) y ha arrollado a un motorista que cumplía con las normas de circulación.

Cada día estoy más convencida de que los carnés de conducir los regalan. Sólo me queda descubrir dónde para saber si tienen uno para mí también.

Esta mañana se inauguraron las IV Jornadas de periodismo en la Universidad Miguel Hernández. Este año el tema escogido es la reinvención de los medios locales. Es por esto por lo que la primera ponencia de la mañana ha girado en torno al tema de cómo regular el periodismo. Los ponentes han sido Juan Tomás Frutos, presidente de la Asociación de Prensa de Murcia; Leonardo Tomás, presidente de la Asociación de Prensa de Alicante; y Pere Miquel Campos, socio fundador de la Unió de Periodistes Valencians.

El principal problema con el que se encuentra el periodista es que el ciudadano ha perdido la credibilidad en ellos. Esto se debe a, como resaltaba Campos, la precaridad laboral de la profesión. El periodismo es un oficio mal pagado. Frutos explicaba que “las condiciones de trabajo influyen en la calidad informatica y, esto, en la credibilidad”. Además, la situación actual coloca al informador como un periodista todoterreno, capaz de moverse en todos los ámbitos, pero no debe abordar todas las facetas al mismo tiempo, según Frutos.

El gremio del periodismo ha sido tradicionalmente poco compacto. Las Asociaciones de la prensa están reinventándose para administrar el derecho constitucional del ciudadano a la información. Los ponentes coincidieron en que era necesario “pronunciarse en contra de censuras, presiones políticas y maltrato moral” y así suplir esa carencia de unidad de acción.

Por último, destacaron que en el periodismo debe haber un “equilibrio entre la parte económica y la informativa” para hacer un trabajo de calidad. Como reflejo de la sociedad, “la profesión está adormecida en cuestiones ideológicas” por lo que “sólo la gente bien preparada, honesta y con respeto al lector puede hacer prosperar la situación”.

La periodista Carmen María López impartió la pasada semana una charla a los alumnos de periodismo de la Universidad Miguel Hernández acerca del lado más humano del periodismo.

Desde su experiencia personal, López habló de sus voluntariados en La India y en Bolivia. Explicó que ahora está embarcada en un nuevo proyecto en Bolivia para atajar los problemas de maltrato infantil en este país sudamericano donde esta práctica está aceptada culturalmente como forma de educar. El proyecto, llamado Fundación Ichuri tiene como fin último la reeducación de la sociedad boliviana.

Los voluntariados en países pobres le han dado a López un grado de experiencia, de visión global del mundo acerca de las desigualdades y los problemas existentes. Para ella es importante “ser los ojos” de los que no pueden ver qué sucede en otros lugares del mundo y  “comunicar, informar y denuncia para acercar una visión global y aprender a ser más humanos”

Fernando Meirelles, director de Ciudad de Dios, llega de nuevo a las carteleras españolas con su último trabajo A ciegas (Blindness). Protagonizada por Julianne Moore y Mark Ruffalo, la película narra la posibilidad de una epidemia de ceguera. Se trata de la adaptación cinematográfica de la obra literaria Ensayo sobre la ceguera de José Saramago.


El mundo se quedará ciego. Esa es la premisa de partida de lo nuevo de Meirelles. En una ciudad cualquiera, unos personajes cualesquiera, pierden la visión. El anonimato de lugares y personas le da a la obra – tanto en su versión cinematográfica como literaria – un carácter de atemporalidad, de universalidad.

Todo comienza con un conductor que, de repente, y sin ninguna razón aparente, se queda ciego. Todas las personas que entran en contacto con él tras su pérdida de visión, se irán contagiando por lo que el gobierno toma la determinación de poner a todos los infectados en cuarentena hasta saber el porqué de esta situación.

En la obra, se defina la ceguera como “un mar de leche blanco”, en contraposición a lo que habitualmente se entiende por ceguera como tal: la oscuridad más absoluta. Cuando las personas son confinadas en un edificio, comenzarán las dificultades. La película pone de manifiesto que, ante situaciones extremas, el ser humano es capaz de sacar a relucir sus más bajos instintos. Mientras unos intentarán ser racionales y buscar la forma óptima de convivir, otros se aprovecharán de su poder y darán rienda suelta a todo tipo de calamidades.

A ciegas no es más que una cruda reflexión sobre la condición humana, con final esperanzador. Las actuaciones son correctas. Destaca entre ellas la protagonista, Julianne Moore, la única que en todo ese caos ciego, puede ver. En ella recae el peso de guiar a los demás pero al mismo tiempo se siente sola por no compartir el mismo problema con los otros, se siente sola porque se aleja poco a poco de su marido (Mark Ruffalo). Por otro lado, A ciegas regala otro personaje deleznable al mundo del cine, el de Gael García Bernal como un líder egoísta, sin escrúpulos, quizá un reflejo de la realidad.
En definitiva, película notable que dará que pensar a más de uno.

1000 diarios es un documental sobre aquellas personas cuyas vidas fueron alcanzadas por mil diarios viajantes. Estos diarios, inicialmente en blanco, fueron lanzados al mundo en el verano del 2000 por Someguy, un artista de San Francisco. Algunas personas encontraron un diario “por ahí tirado” – en realidad Someguy los ponía en sitios estratégicos como un banco del parque o una cabina telefónica-; después lo pasaban a un amigo o a un extraño. Otras, se apuntaron a la web y lo recibieron gracias a la conexión vía Internet. Algunos, escribieron en ellos, otros garabatearon, otros pegaron fotografías. En definitiva, por cada mano que paso, el diario se llenó de alguna idea, de algún pensamiento. Sin embargo, algunas personas decidieron quedarse con los diarios en lugar de continuar con la cadena y entregarlo al siguiente, para que los diarios siguieran viajando alrededor del mundo y enriqueciéndose poco a poco. Tres años después, uno de los diarios le fue devuelto a Someguy, totalmente relleno.

Qué ocurrió con los otros 999 es lo que trató de averiguar Andrea Kreuzhage. Cuando la directora de este documental se enteró de este proyecto innovador se vio en la obligación moral de contar esta historia, de darla a conocer al mundo. Quizá de esta manera Someguy recuperase los 999 diarios restantes o, por lo menos, gran parte de ellos.


1000 diarios narra la historia que hay detrás de cada página de los diarios, cómo la gente plasma en ellos sus ideas, sus miedos, sus inseguridades, sus metas. Gente de todo el mundo; desde Estados Unidos hasta Singapur, pasando por Francia o Finlandia.


Kreuzhage, según contó a los asistentes al estreno en España en la Universidad Miguel Hernández el pasado lunes 16 de marzo, invirtió de su propio dinero – incluso vendió su casa- para sacar este proyecto adelante. Merece la pena observar cómo personas desconocidas entre sí son capaces de compartir sus pensamientos en un pedazo de papel y hacer realidad, de esa manera, el proyecto de Someguy.


Esta idea gustó tanto que hoy, acabado ya el proyecto, algunos grupos de personas han decidido unirse y continuar una cadena por su parte. El nuevo proyecto, 1001 diarios, continua el experimento en busca de nuevos aportes creativos.

En estos tiempos que está tan de moda eso de hablar de “crisis”, los medios de comunicación no iban a ser menos. Especialmente están sufriendo un receso los periódicos. Explicaba Sergio Pérez Conde en una charla impartida a los alumnos de 4º de periodismo de la UMH que “los medios se están suicidando” por no invertir en Internet, porque los ingresos publicitarios en la red son menores que en otros medios. Ese es el factor clave.

Internet se ha convertido en una herramienta comunicativa de gran peso. Los propios lectores de prensa se han dado cuenta que ellos mismos también tienen derecho a dar su opinión sobre los hechos noticiosos. A buscar una cierta retroalimentación con los medios. Pérez Conde afirmaba que el medio en sí ya no tiene valor porque la información es gratuita. Internet le da la opción al usuario de no pagar por ella, de tener un consumo actualizado y permanente y, además, ser partícipe de dicha información. Por lo tanto, el usuario pasa a ser el verdadero valor del medio. La reinvención pasa por crear medios participativos en función del público objetivo.

El futuro del periodismo es el de los medios cívicos. Una apuesta en la que el usuario tiene voz y oídos. La depresión de los medios tradicionales contrasta con el auge de las redes sociales como Tuenti o Facebook. Las empresas comunicativas se han dado cuenta del tirón de estas comunidades virtuales, especialmente entre los jóvenes. Prisa compró un 20% de Tuenti porque previó que en la distribución de contenidos y relaciones habría negocio . Las redes sociales se asemejan a una comunidad de vecinos en la que los usuarios hablan y son escuchados, se definen sus perfiles y así facilitan la información yla participación. Una vez se tiene creada la base, sólo hay que esperar a que interactúen, crezcan y se enriquezcan informativamente. Los medios deben apostar por Internet si esperan sobrevivir a la crisis.

El 11 de septiembre de 2001 los terroristas árabes decidieron sembrar el terror a nivel mundial. Lo lograron atacando a una de las potencias más grandes del mundo: los Estados Unidos. Su acción consistió en estrellar unos aviones contra las Torres Gemelas, causando miles de muertos y el horror colectivo. Los periódicos al día siguiente, en sus primeras páginas, tuvieron mayor o menor acierto informativo.

A continuación, tres ejemplos de malas portadas. El primero abre con mucha información escrita, lo que ralentiza la velocidad de lectura porque apenas hay sumarios o una entradilla llamativa. La imagen de por sí es informativa pero carece de buena calidad. El Aftonbladet opta por desechar las fotografías de su portada (y se salta la afirmación de McLuhan de que “una imagen vale más que mil palabras”) y pretende captar la atención del lector sólo con letras; enormes, eso sí. Una foto habría mejorado mucho su calidad informativa. Le Monde va un poco más allá. ¿Dónde está la información sobre los atentados? En portada desde luego que no; y si está, cuesta demasiado encontrarla.

Pero como todo lo negativo tiene un lado positivo, algunos periódicos hicieron un trabajo decente con sus primeras páginas. Abajo, los dos primeros periódicos ponen una imagen bastante llamativa e informativa además de acompañala de un titular contundente (si bien puede pecar en cierto punto de sensacionalismo por el hecho de hablar de “guerra”).  Sin duda, la mejor portada es la de The Times. Decide que McLuhan tiene razón con su afirmación y abre con una portada y contraportada en la que se muestra una panorámica del alcance del atentado. Sobran las palabras; si cabe, sólo se destaca la fecha y hora porque sabe que será un momento clave en la historia de la humanidad.

El 11 de marzo de 2004 será recordado como un día fatídico en la historia española. Un atentado en el metro madrileño truncaba la vida, esperanzas y sueños de miles de personas, entre víctimas y familiares. Al día siguiente los periódicos se hacían eco del suceso.

AVUI, El Correo Gallego y La Razón, por citar tres malos ejemplos, abusaban del morbo en sus portadas. Los tres periódicos decidieron que sería informativo añadir imágenes de las víctimas, incluyendo muertos o heridos ensangrentados. No se debería fomentar este tipo de periodismo tan sensacionalista. Incluso el diario gallego se atrevía a especular sobre la autoría de la masacre.

Por contra, El Periódico de Catalunya, Marca o el Diario de Navarra optaron por portadas más sobrias. Con imágenes del atentado pero sin fomentar el morbo, es decir, sin incluir heridos o víctimas mortales. Además, complementan la imagen con datos importantes como son el número de fallecidos y heridos. El Marca cambió la imagen de su logotipo para adecuarse a las circusntancias, lo que le da un toque de originalidad.

Barack Obama fue elegido presidente de los EE.UU. el 5 de noviembre de 2008. La prensa escrita recogió la noticia al día siguiente; algunos periódicos fueron más certeros en la elección de sus informaciones que otros.

Las de arriba, son ejemplos de  buenas portadas. Las dos primeras con un titular corto, primando la información audiovisual. Ya lo dijo McLuhan: “Una imagen vale  más que mil palabras”.  En todas las portadas se destaca, gracias a la fotografía, el color de piel del nuevo presidente americano porque, al fin y al cabo, eso es un hito en la historia estadounidense. La primera página de El Periódico de Catalunya, además, contiene una rica información adicional histórica al presentar a Martin Luther King en ella, aquel hombre que luchó por los derechos de los afroamericanos y por la igualdad.

Por contra, estas tres son ejemplos de malas portadas. Por un lado, las tres pecan de falta de originalidad. Anchorag Daily News y The Washington Post abren con el mismo titular y prácticamente la misma fotografía (la diferencia radica en que una resalta más a Obama y la otra no). The Florida Times Union abre con el titular que fue lema de la campaña electoral de Obama. Además, el Washington Post incluye demasiadas informaciones en portada, lo que no favorece el periodismo de doble velocidad.

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